Leer y escribir

por | 16 marzo, 2012

¿De quién es la responsabilidad de que los jóvenes aprendan a leer y escribir? ¿De la escuela, de sus padres, de la universidad, de ellos mismos? ¿O acaso del sistema? ¿Puede una sociedad progresar sin haber resuelto esto?

Ahora bien: ¿cuál es el tipo de progreso que queremos conseguir? ¿Nos interesa que la educación estimule la competencia y el crecimiento como paradigmas del progreso? ¿O no? Y si la respuesta es sí, ¿importa igual la lectura que si la respuesta es no?

Vamos a ver. Leer y escribir no son categorías universales sino construcciones sociales, y aunque lecturabilidad y desarrollo suelen ir de la mano, lo mismo que analfabetismo y pobreza, habría que preguntarse primero qué es lo que queremos leer, lo que queremos ver y lo que podemos aspirar a escribir.

El analfabetismo funcional, que salió a flote por estos días, puede ser una barrera más grande para el progreso que el simple analfabetismo: saber leer, pero no saber entender ni mucho menos escribir lo que se ha leído, conocer las letras, pero ignorar las reglas, haber aprendido a leer cuando chiquitos pero haber olvidado el oficio cuando grandes.

Condición no exclusiva de los jóvenes. Conozco a muchos grandes, incluso profesores, que poco o nada leen, y que tampoco escriben.

El siglo XXI nos descubre que el analfabetismo funcional crece. En los 80 se prendieron las alarmas en Francia y se diseñaron programas para combatir el iletrismo. Y algunos especialistas pusieron el dedo en una herida clave: los papás y las mamás.
Dijeron que se había perdido el ‘saber’ preescolar: que los niños vean leer a sus padres, que los oigan leer en voz alta, que los hayan visto escribir alguna vez, comprar un libro, una revista, un diario. Así aprenderían que leer es un acto esencial para la vida, útil para el desarrollo y, además, placentero. Sobre todo esto último: leer nos permite conocer, entre otras cosas, la manera en que se están aproximando, ahora y aquí, las ciencias y las artes. Alegría de leer se llamaba el libro en que yo aprendí.

¿Queremos una nueva sociedad, más humana, más justa, sostenible y letrada? Hay que aprender a leer con alegría, en libros o en sus sinónimos tecnológicos. Es lo mismo, pero distinto. Y buscar la raíz del problema más allá de las aulas: en las casas, en la televisión y el consumismo tal vez. En los papás y las mamás, en todo caso, los que olvidaron leer, y no por culpa del chat o el Internet, sino a causa, ¡gran paradoja!, de lo que ahora se llama ‘el vertiginoso modo de vida de la sociedad tecnológica avanzada’. Feliz Navidad.

Por: Manuel Guzmán Hennessey.

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