Para un hermano que no se si aún existe

por | 8 octubre, 2014
No se si soy muy cobarde o soy valiente, porque finalmente, aunque tarde, estoy dispuesto a reconocer mi inmenso error. Y aunque este texto podría parecer con una pobre y vana pretensión, lo resumiré en pagar con palabras una deuda que siento de corazón. Tanta es la deuda que quizás sea un texto para un hermano que puede que al día de hoy ya no lo sea, pero igual espero que lo lea.

Empiezo recordando como esto empezó, con algo que sostengo como una verdad, y es la gratitud que aún te tengo, que sinceramente no se si se podrá acabar. Fueron unas acciones de unas horas los que dejaron la lección, y muchos meses para entender lo que pasó. Pueden enseñar más unas horas que los mismos días, y si algo me ha dejado lecciones valiosas han sido mis errores, pero los asumo y reconozco abiertamente cuando con ellos he hecho daño a otros. Todo empezó porque fui yo quién tomó la primera decisión y no me comprometí como debía con las siguientes decisiones que llegaron, como aquella que te invité a tomar.

Reconozco este error y reconocerlo me sirve para pedirte perdón, porque soy consciente de que fui yo quien no supo asumir con responsabilidad y liderazgo decisiones tan trascendentales. No supe manejar la situación, no supe controlar el proceso, fui terco para no dejarme enseñar, fui yo quien tarde entendió que el más grave error era mío.

Y el punto no es si merezco o no tu perdón, el punto es que no quiero dejar crueles cicatrices, he venido entendiendo que al final me dolería más un “perdón” que no dije.

No se si le darás importancia al leer este texto, para mí tiene toda la importancia del mundo escribirlo, acá reflejo y soluciono un debate, ese que se causa en mi mente cada vez que deseo que seas feliz aunque amistad no haya conmigo.

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