La falacia del plan A

por | 10 enero, 2017

En primer lugar hay que entender lo que es una falacia, porque a diferencia de lo que muchos piensan no es una mentira. Se dice que es fácil identificar una mentira pero una falacia puede hacer creer a muchos que es cierto lo que se dice y en ocasiones solo se dice para manipular.  Si yo dijera “Este año será al menos el doble de mejor que el año pasado”, estaré dando una afirmación que posiblemente se califique como mentira, en cambio si dijese “A mi solo me pasan cosas buenas, y este año viviré muchísimas cosas” lo cual haría que si mi primera afirmación es tomada como verdadera, la conclusión sería “Este año viviré solo cosas buenas” que aunque suene lógico (y verdadero), es una falacia.

No sé si logré darme a entender, sin embargo el punto de lo que quiero explicar radica en lo que muchos pensamos, hacer planes de cómo será X o Y cosa, y para eso imaginamos un plan inicial (y quizás hasta lo compartimos con alguien más), luego podemos pensar si logramos o no el objetivo, terminando por validar que hacer ese plan fue un éxito. Es allí donde está la falacia.

Muchas veces he planteado absurdos como meta solo con el fin de aprender en el proceso, muchos en cambio no imaginan imposibles y se limitan en los objetivos, solo para sentir que sí tuvieron el control del plan para lograrlo. Imagínate alguien diciendo “Hoy voy a sonreír todo el día”, eso sería un absurdo, porque al dormir o simplemente al hablar se puede desvanecer la sonrisa, sin embargo al mantener ese objetivo en mente se puede aprender de las situaciones cuando te cuestionas “esto porqué me impide reír?” o “qué acaba de pasar que olvidé mantener mi sonrisa?”, es allí donde para mí está el valor de los absurdos objetivos.

En cambio, alguien centrado en planes podría pensar cosas como “cada vez que pasa A y B sonrío” seguido de “haré A y B todo el día”, solo por pensar que así sonreirán todo el día, enfocándose en la acción y no en el objetivo, se centran en la falacia del plan que pensaron. Muchas veces, mientras organizo mis actividades en un orden específico, lo hago pensando en que así estoy diseñando mi “plan A”, pero siempre con algo en mente que es “el plan A  es una falacia”, básicamente basta con analizar cómo sustento mi plan A para darme cuenta de que en realidad nunca resulta.

De qué me sirve planear algo como “hoy iniciaré clase y en unas cuantas semanas habré adquirido ese nuevo conocimiento que busco” si al concentrarme solamente en el conocimiento de la clase (para cumplir el plan), estaría dejando de lado las oportunidades que se me brindan al compartir con nuevos compañeros, cuando quizás en la búsqueda de un nuevo conocimiento surjan nuevas aristas de temas inexplorados pero más interesantes que el inicial. De que sirve fijarme a un plan A que si el enfoque en la acción me priva de enfocarme en los posibles resultados?

Si cada vez que haces un plan te sometes y te obligas a cumplirlo, puedes perder de vista otros factores de la vida, pierdes la capacidad de diferenciarte de una máquina. Alguien alguna vez me dijo “en medio del terremoto yo solo esperé en calma a que pasara, para poder retomar la conversación que teníamos”, y estoy citando a alguien que vivió un terremoto de magnitud 7,5. Y no criticaré el hecho de que estuviese en calma, sino de que luego de un suceso como ese, en el que incluso donde estaban varias cosas se cayeron, pensó en seguir exactamente en el punto en el que estaba antes de semejante suceso.

Concebir que el plan A es una falacia te puede abrir los ojos para ver oportunidades mucho más grandes. Piensa que un día cualquiera viste la oportunidad de hacer ejercicio, tu meta quizás era lograr algún peso específico, y te permites abandonar el plan A porque en medio de tus entrenamientos conoces a una persona que gusta de ti, tal cual como eres, y olvidas el tema del peso para ir tras un nuevo objetivo, vivir amando y siendo amado. Un poco romanticón, lo sé, pero es que me gusta compartir planteamientos absurdos para que lo que deseo explicar sea un poco más evidente.

En mi caso, muchos me escucharán decir “pienso hacer esto y luego haré lo otro”, al tiempo que yo mismo me sugestiono pensando “haré algo bueno pero quizás se de algo mejor en el camino”. Esta es base fundamental de muchas de mis incoherencias, sin embargo aprendí que lo importante no es lo que se dice sino lo que se hace. No escuches palabras que busquen predecir (eso es lo que se hace contando el famoso plan A),  agudiza tu mente para detectar las falacias, vuélvete observador y analiza los hechos.

Quizás ahora comprenda que mientras alguien me dice “Haré [bla, bla, bla, bla]” yo solo pienso “ojalá sepa que no será como dice, y ojalá vea las oportunidades que se le presentarán para que eso suceda de la mejor forma posible”. Es por ello que en lugar de prometer sobre cada línea que dije acuño “haré mi parte para que así sea”.

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